IN MEMORIAM

DESDE la cima
observabas las agrestes laderas del cerro
fundirse en la planicie interminable.

El cielo despejado y luminoso
no distraía tus ojos
que seguían inquisidores
el vuelo de las aves.

Olfateabas el viento
como experimentado cazador,
sabiendo que serías presa
de su aliento cálido y seco
si exhalaba una imprevista bocanada
el pulmón cordillerano.

Tal vez un presentimiento
te hizo repasar una vez más,
con paciencia de ajedrecista,
tu brillante velamen
de águila humana.

Con todos los instintos alerta
elegiste el mejor momento,
-vos siempre elegías el mejor momento-
y desplegando tu ala multicolor
emprendiste el vuelo.

Una clara sonrisa iluminaba tu cara
mientras empezabas el juego
de ganarle a la gravedad y tomar altura.
Esperaste el error del adversario
para volcar poco a poco la partida a tu favor.

Tenías tiempo,-esta vez tenías tanto tiempo-
y aún era temprano.
Ya lo ves,
una pequeña corriente ascendente
te permite tu primer movimiento ganador.

Un poco más de altura
y en el próximo giro
estarás cerca de la cumbre.

De pronto, otra fuerte corriente,
un giro imprevisto del destino,
y vas dejando atrás las otras velas
y hasta el último cóndor
que debió abandonarte sorprendido
mientras seguías ascendiendo.

Algunos espectadores se inquietaron
al verte caer en un remolino.
Pero vos sonreías y ganabas altura,
cada vez más libre,
cada vez más feliz
con tus nuevas alas blancas.


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