UN TROCITO DE MÍ

Sé que has de llegar un día,
antes o después, lenta o abrupta,
inexorable, silenciosa y perenne.
Estaré dispuesto,
te aceptaré sin reparos
como acepté la vida
con sus espinas y sus rosas.
No me pidas perdón, no es necesario,
llévame contigo, así fue el trato.
Pero quiero advertirte,
que deslucirá tu triunfo
pues serán migajas de mí
lo que te entregue.
Verás,
he dejado buena parte de mi sentimiento
en las personas que he querido,
y abundantes porciones de mi ser
en mis compañeros más cercanos.
Mi alma le infundió a cada poema
un poco de su luz y su belleza
como una flor que se ha ido deshojando.
En cada casa que me albergó,
en cada camino que emprendí,
en cada amistad que me bendijo,
algo de mi corazón se fue con ellos.
Y en cada sueño que me habita,
en cada árbol que planté,
en cada libro que escribí,
puse lo mejor de mi esperanza.
Comprenderás entonces,
que no hay mucho de mí que permanezca,
y poco me quedará para ofrecerte
habiendo dado todo.
Quizás,
algunos bosquejos y proyectos,
algún resto de juventud en la apariencia,
un brillo sabio y pícaro en los ojos,
y unas pocas palabras que no llegaron a completar una poesía...
Es cierto, encontrarás mi fe intacta
y un palacio de amor resplandeciente
que regresó hasta allí multiplicado.
Perdona pues que sea apenas
un trocito de mí lo que te deje:
un trocito de mí será lo que se muera....
¡ Y tanta la vida que me lleve!


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